Pagina 12 -13 de agosto 07
CADA CINCO MINUTOS UNA NIÑA DA A LUZ EN ARGENTINA
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Durante 25 años, la tasa de fertilidad adolescente fue descendente, pero desde 2003 comenzó a subir. Ese índice en la Argentina es de 64 de cada mil, superior al promedio que se da en países desarrollados, que es de 27 de cada mil, e incluso más alto que el de los menos desarrollados, 54 de cada mil.
“Para prevenir el embarazo adolescente, en primer lugar se necesita que chicas y chicos tengan educación formal y que sea de calidad.”
Subnotas
Por Mariana Carbajal
Tres de cada diez adolescentes encuestados en la Ciudad de Buenos Aires, el conurbano y Rosario todavía creen que las mujeres no pueden quedar embarazadas en su primera relación. La mayoría tuvo en la escuela alguna charla sobre salud sexual y reproductiva, generalmente a cargo de la profesora de Biología o de algún laboratorio, y en este último caso dirigida particularmente a las mujeres. Mientras tanto, la tasa de fecundidad adolescente sube en el país desde 2003, cuando se quebró la tendencia descendente de los últimos 25 años. En 2005 –la última medición oficial–, 64 chicas de cada mil de entre 15 y 19 años fueron madres. O dicho de otra forma: cada cinco minutos una adolescente dio a luz.
Las estadísticas del Ministerio de Salud muestran que en 2005 nacieron 104.410 bebés de mamás de 15 a 19 años y 2699 de menores de 15 en todo el país. El total de nacimientos fue de 712.220, una cifra que se mantiene más o menos estable desde hace años. Es decir, el 15,2 por ciento correspondió a madres menores de 20 años. Hay grandes diferencias entre provincias: las tasas más altas de fecundidad adolescente corresponden a Chaco, Formosa y Misiones, donde se supera ampliamente el promedio nacional. La más baja, muy por debajo de la media del país, se registra en la ciudad de Buenos Aires.
Números
Para analizar la magnitud del fenómeno a nivel internacional se toma en cuenta la tasa de fecundidad de las chicas de 15 a 19 años, esto es la cantidad que se convierte en madre por cada 1000 de ellas –se presume que los embarazos más precoces, de 14 años para abajo, están asociados a situaciones de abuso sexual–. La investigadora Edith Pantelides, del Centro de Estudios en Población (Cenep), abordó desde hace años el tema y viene siguiendo la evolución de las cifras en el país. “Desde 1980, cuando se registraron 78,3 chicas de 15 a 19 años que tuvieron un hijo, la tasa de fecundidad adolescente venía bajando, pero en 2004 se rompió esa tendencia: de 56,4 en 2003 trepó en un año a 62,8 por cada 1000. Y en 2005 otra vez aumentó, aunque levemente”, señaló a Página/12. El último registro dado a conocer oficialmente indica que por cada 1000 adolescentes de 15 a 19 años, dieron a luz 63,7, más del doble de la tasa promedio del quinquenio 2000 y 2005 de los países desarrollados que fue de 27 por cada 1000; e incluso superior al promedio en ese período de los países menos desarrollados, de 53,4 por cada 1000, de acuerdo con los cálculos que lleva Pantelides. La media en el mundo es de 49,7 adolescentes madres por cada 1000.
De paso por Buenos Aires, el chileno Ramiro Molina Cartes, presidente de la Federación Internacional de Ginecología Pediátrica y de la Adolescencia , aportó a este diario algunos datos más: la tasa de fecundidad adolescente en Suiza es de 7 por 1000, en Francia de 9 por 1000 y en Alemania de 11 por 1000. En Chile, 44 dan a luz por cada 1000 chicas de 15 a 19 años.
De todas formas, todas estas cifras –incluidas las de la Argentina – no captan las gestaciones tempranas que terminan en abortos, una cara oculta del embarazo adolescente. Para tener apenas una idea de esta cifra negra vale recordar que en el país “entre 1995 y 2000 aumentaron un 40 por ciento las internaciones de adolescentes por complicaciones de abortos”, precisó a Página/12 Alicia Gutiérrez, tocoginecóloga de guardia del Hospital Durand y coordinadora del Comité de Desarrollo del Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam). Fue la última medición oficial de los egresos hospitalarios.
Oportunidades
El embarazo adolescente es un problema complejo. No se conocen aún investigaciones que respondan por qué se quebró la tendencia descendente de la tasa de fecundidad que se observaba en el país desde 1980. Se sabe, sí –y esto ha surgido en estudios recientes– que especialmente en los sectores más pobres, la gestación temprana, aunque no sea planificada, puede esconder un deseo oculto de una joven, que puede ver la maternidad como proyecto de vida ante la ausencia de otros horizontes. No siempre está en juego el desconocimiento para evitar el embarazo o la imposibilidad de acceso a los métodos anticonceptivos. “Las condiciones materiales de vida que la sociedad les ofrece a estas chicas y el medio familiar en el que se socializaron forman parte de la construcción de su subjetividad, y eso implica que muchas de ellas no se planteen otra manera de realización personal que las de ser madres”, advirtió Gabriela Perrota, investigadora del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, al comentar los resultados de un estudio que realizó entre adolescentes de la Villa 20 del barrio porteño de Lugano y presentó en la última semana en las Séptimas Jornadas de Salud y Población Instituto Gino Germani de la UBA. “Es válido que una adolescente quiera embarazarse, pero hay que preguntarse entre qué cosas elige. El Estado debería garantizar igualdad de oportunidades para todas las adolescentes”, acotó Gutiérrez. Para ello, acuerdan los especialistas, es básico garantizar el acceso y la permanencia en la escuela. “Para prevenir el embarazo adolescente, en primer lugar se necesita que chicas y chicos tengan educación formal y que sea de calidad. En la medida en que se tiene mejor educación, se obtiene un retroceso en la edad de iniciación sexual y lo mismo se observa en la medida en que los padres de estos jóvenes también tienen mejor educación. Pero también se necesita que tengan educación sexual y acceso a anticonceptivos”, consideró Molina Cartes, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Chile, a cargo, además, del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral de la Adolescencia , ubicado en el campus universitario en la ciudad de Santiago.
Molina Cartes reveló que hay 29 programas de educación sexual evaluados científicamente en el mundo y esos testeos demuestran que ese tipo de iniciativas retrasa la edad de la primera relación en más de 12 meses. “Con educación sexual no se logra la abstinencia, ni tampoco se promueven la promiscuidad y la actividad sexual temprana. Sí se consigue un impacto en la fecundidad adolescente, se la protege. El efecto más importante es que mejora la calidad de vida del joven al permitirle desarrollar su vida sexual sin riesgos y sin miedos, de manera normal”, destacó el experto chileno.
Avances
En materia legislativa, la Argentina ha dado grandes pasos en los últimos años para abordar el problema. En 2002 se sancionó la ley que creó el programa de Salud Nacional de Sexual y Reproductiva –que está en marcha desde 2003– y estableció el derecho de los adolescentes a acceder a servicios de procreación responsable sin necesidad de la compañía de un mayor: se les debe dar información y también anticonceptivos. Sin embargo, “la oferta de servicios para adolescentes es escasa, salvo algunos hospitales como el Argerich, que tiene un servicio amigable para los jóvenes, donde no tienen que pedir turno”, indicó Gutiérrez del Celsam. Hay otro factor que obstaculiza la llegada de jóvenes a un consultorio de salud reproductiva: “Los chicos se sienten intimidados de ir a consultar a un hospital, y tienen temor de que se les vaya a contar a sus padres que tienen relaciones sexuales. En todo el mundo, para captarlos, se apunta a crear centros de atención primaria para ellos”, agregó Gutiérrez. Y recordó que durante el gobierno de Carlos Menem se anunció el Programa de Atención Integral de Salud Adolescente, una iniciativa que precisamente planteaba la apertura de centros comunitarios y barriales para jóvenes, articulados con las escuelas: “Pero el plan, lamentablemente nunca se implementó”.
Ya que los adolescentes no concurren fluidamente a los hospitales, en el Alvarez, del barrio porteño de Flores, han resuelto salir a buscarlos con una estrategia copiada de una experiencia mexicana: a través de los empleados de farmacias, adonde los y las jóvenes van a comprar preservativos u otros anticonceptivos. El proyecto se pondrá en marcha próximamente y consiste en capacitar a los empleados de las farmacias del área de influencia del Alvarez como “agentes multiplicadores de salud” para que den un primer asesoramiento a los adolescentes en salud sexual y reproductiva, y los deriven a un centro de salud de la zona (ver aparte).
Preservativos, ¿para qué?
El otro gran avance legislativo que se dio en el tema ha sido la aprobación de la Ley Nacional de Educación Sexual. En el Ministerio de Educación están trabajando en la elaboración de los contenidos mínimos. La ciudad de Buenos Aires también sancionó el último año una normativa similar, que se está poniendo en marcha en las aulas. El problema, advierte Gutiérrez, es que “para ver resultados en salud pública una política necesita cinco años”.
Algunos estudiosos del tema ya plantean que la educación sexual en las aulas no es suficiente para ayudar a los adolescentes a protegerse de algunos de los riesgos potenciales de la actividad sexual. “La Organización Mundial de la Salud promueve el modelo de consejería orientada a los jóvenes. Lo ideal es que un profesional la brinde en las escuelas. El concepto es que haya un ámbito donde los alumnos puedan plantear sus dudas cotidianas, lo que les pasó el fin de semana. En una clase de educación sexual los chicos ven la sexualidad como algo ajeno, lejano”, señaló a Página/12 la socióloga Marcela Aszkenazi, especialista en Estudios de Género e integrante del Programa de Adolescencia del Hospital de Clínicas. Con una beca del Ministerio de Salud está haciendo consejería en una escuela técnica del barrio Fuerte Apache, partido de Tres de Febrero, adonde concurre una vez por semana. “Las charlas con los alumnos se orientan con las inquietudes del grupo”, explicó. Aszkenazi llegó a ese proyecto luego de indagar entre medio millar de adolescentes de 12 a 19 años del partido de Tres de Febrero, la ciudad de Buenos Aires y Rosario, sobre los conocimientos, las creencias y sus prácticas respecto de su salud sexual y reproductiva.
Entre los hallazgos más significativos del estudio, financiado por la Comisión Nacional de Programas de Investigación Sanitaria (Conapris), se destacan los siguientes:
- El nivel de conocimiento acerca del aparato reproductor es relativamente bajo en todos los entrevistados, aunque los que menos saben resultaron ser los de Rosario. Del mismo modo, fueron los rosarinos los que demostraron menor información sobre las enfermedades de transmisión sexual.
- Una gran mayoría se cuidó en su primera relación sexual y casi todos con preservativos.
- Pero alrededor del 30 por ciento de todos los jóvenes cree que una mujer no puede quedar embarazada en su primera relación sexual.
- Si bien más del 70 por ciento de los jóvenes cree que debe usar preservativos aunque la pareja sea conocida (compañeros de escuela, amigos) y tome pastillas anticonceptivas, muchos respondieron que depende de cuánto hace que se conocen.
- La mayoría había recibido en la escuela información sobre salud sexual y reproductiva: ETS y métodos anticonceptivos. En general habían sido clases dictadas por el profesor o la profesora de Biología o una charla dada por un laboratorio y, en este último caso, dirigida particularmente a las mujeres.
EL ROL QUE LES ASIGNA LA COMUNIDAD A LAS MUJERES
“La única vía de realización”
Nota madre:
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
“Los chicos se sienten intimidados de consultar a un hospital.”
Por Mariana Carbajal
“Los roles que la sociedad supone para las mujeres como madres, esposas y amas de casa condicionan la ocurrencia de embarazos en la adolescencia en la medida en que ésa es la única manera en que muchas adolescentes, de barrios carenciados, sienten que se realizan como mujeres y son reconocidas socialmente como tales”, señala Gabriela Perrota, psicóloga, integrante del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva.
Perrota realizó una investigación “cualitativa” sobre los aspectos socioculturales que influyen en los embarazos en adolescentes de la Villa 20 del barrio porteño de Lugano, cuyos resultados se presentaron en la última semana en las Séptimas Jornadas de Salud y Población del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Para el estudio entrevistó a 45 chicas que concurrían a controlar su embarazo al centro de salud barrial y a otras 20 que no habían tenido hijos.
–¿Qué conclusiones sacó de la investigación?
–Las condiciones materiales de vida que la sociedad les ofrece a estas chicas que quedan embarazadas y el medio familiar en el que se socializaron forman parte de la construcción de su subjetividad y eso implica que muchas de ellas no se planteen otra manera de realización personal que la de ser madres. Un embarazo no buscado o no planificado no puede definirse como deseado o no deseado sólo por el hecho de no haber sido buscado conscientemente. Muchas de estas chicas sienten que un hijo es lo único claramente propio que pueden tener en la vida.
–¿Cómo las condicionan las representaciones de género que tienen?
–Encontré algunas diferencias entre el discurso de las embarazadas y el de las no embarazadas. Para las primeras el rol básico de la mujer es ocuparse de la casa, especialmente cuando ya tienen hijos. Muchas dicen incluso que es así como se sienten mujeres. De los discursos de las que todavía no están embarazadas surge que tienen un punto de vista más amplio acerca de los roles de mujeres y varones y pueden dar prioridad a sus otros objetivos antes de ser madres, postergan el inicio de las relaciones sexuales y la maternidad más que las otras. Este punto de vista diferente es favorecido por un mejor diálogo con los padres, especialmente la madre y otras mujeres de la familia. La educación también contribuye a postergar los embarazos cuando se trata de un proyecto en sus vidas para obtener una profesión u oficio.
Me cuelgo y no voy”
Nota madre:
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Por Mariana Carbajal
La escasa información sobre salud sexual y reproductiva que persiste entre adolescentes –constatada por la investigación exploratoria de Aszkenazi– coincide con el panorama que surge de los talleres sobre Sexualidad, Género y Derechos, que organiza el Consejo de los Derechos del Niño, Niña y Adolescente de la ciudad de Buenos Aires a través de la Fundación Estudios e Investigación de la Mujer (FEIM) en escuelas medias porteñas. “Hay adolescentes que desconocen los métodos al punto tal que no saben bien para qué sirve el preservativo. Muchos nos dicen que no usan ninguno”, contó a Página/12 Diego Cal, de FEIM y coordinador de la Red Nacional de Jóvenes y Adolescentes para la Salud Sexual y Reproductiva, que integran 25 grupos de jóvenes de todo el país.
“En general, el primer reclamo que nos hacen los chicos es que les demos anticonceptivos. Les damos una serie de lugares cercanos al colegio, a no más de una o dos cuadras, donde pueden conseguir preservativos gratis, pero nos dicen “me olvido de ir”, “me cuelgo y no voy”. Incluso, les decimos que también los pueden obtener camino a clase en un CGP, donde no tienen que pedir turno ni hacer cola, pero no pueden planificar la ida a buscarlos. Tampoco tienen información sobre los servicios de adolescentes; ven a los hospitales como expulsivos, no les resultan accesibles. Muy pocos van a centros de salud barriales y los que van, lo hacen porque tienen algún docente que está detrás de ellos y les insiste con que vayan a consultar”, dice Cal.
Mientras tanto, vale recordar, cada cinco minutos –en promedio– una adolescente en el país se convierte en madre.
El farmacéutico amigo
Nota madre:
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Tras 25 años, aumentó la fertilidad adolescente
Por Mariana Carbajal
Desde el Hospital Alvarez capacitarán a empleados de farmacias del barrio de Flores para que puedan asesorar a los adolescentes que concurren al local a comprar preservativos u otros anticonceptivos y brindarles información sobre centros de salud cercanos donde pueden consultar en materia de salud sexual y reproductiva. La idea es crear una red de farmacias amigables a los jóvenes. La experiencia fue tomada de México, donde se ha desarrollado en varios estados, como una estrategia para acercar a los adolescentes información sobre anticoncepción y prevención de VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, según explicó a Página/12 la médica pediatra Susana Ferrín, especialista en medicina preventiva y social, que tiene a cargo la puesta en marcha de la iniciativa.
El proyecto, que impulsa la directora del Alvarez, Diana Galimberti, y ya fue presentado a autoridades porteñas, despierta resistencias entre médicos que temen que el empleado de farmacia termine prescribiendo anticonceptivos. “No se trata de sustituir al médico sino de que la persona que tiene el insumo en la mano sepa cómo se usa y lo pueda transmitir y que, además, dé una referencia de un centro de salud al cual el adolescente pueda dirigirse. Se trata de minimizar el daño entre aquellos que no acuden a un centro de salud”, fundamentó Alicia Gutiérrez, coordinadora del Comité de Desarrollo del Centro Latinoamericano Salud y la Mujer. El Celsam promovió la misma experiencia en México. “Al dependiente de farmacia lo vamos a capacitar en prevención del sida, adicciones y anticoncepción. Y también vamos a capacitar a docentes y a gente de clubes y otros lugares donde van los chicos. El adolescente no consulta al hospital o va tardíamente. ¿De dónde sacan información? De las escuelas y la farmacia y queremos formar allí multiplicadores de salud”, agregó Ferrín.
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